lunes, 2 de diciembre de 2013

Noche dolorosa.


La pantalla del computador se iluminaba con letras y textos que a nadie le pertenecían, mientras sus ojos se humedecían tanto, que hasta sus pestañas tomaban una rara forma casi curvilinea entre ellas, y esos pequeños diamantes llenos de dolor llamados lágrimas se deslizaban tan delicadamente por sus mejillas que casi parecían pequeñas caricias.
Ella se quebraba una y otra vez, cuando una letra pasaba a otra, y más cuando sus recuerdos intentaban llenar eso que ya estaba vacío, mientras sus manos se deslizaban por el teclado intentando borrar de su mente, lo que no podía borrar de su corazón, y más cuando su mente estaba tan hecha mierda que todos sus podridos pensamientos le llenaban la cabeza de lo más deplorable y sucio imaginado alguna vez.
Sus labios se fruncian al recordarse a ella misma,  sana y con su alma intacta, que su dolor se convertía en odio, mientras su amor no hacía ningun esfuerzo por dejar de ser eso que ella ya no quería; tantos días que ahora estaban vacíos le robaban las pequeñas sonrisas que no quería olvidar, mientras lo único que necesitaba era buscarle una salida al mundo y dejar de extrañarse tan profundamente en un cielo perdido, en una noche solitaria junto a la luna que no era más que un faro perdido y en un beso nunca dado.
Se había enamorado como todo y como nada, de alguien lo más parecido a un ángel, pero tan igual al mismo diablo, con un alma hecha pedazos mientras que la de ella, se quebraba junto a los pedazos que quedaban de la de él. Cuando intentaba consolar su corazón, sus ojos pasaban otra linea de letras que la hacían amar más, por más que intentaba dejar todo atrás, sólo conseguía vivir con un adiós, varías heridas de ese amor y un montón de sueños rotos de una relación que no le dio para más, porque ella simplemente fue una pieza de un rompecabezas que nunca logró encajar en un mundo para la cual no fue hecha.