martes, 3 de junio de 2014

La mala pensadora.

Me he sentido sola un par de veces, por decirlo así (casi siempre), me he hundido en llanto cuando la vida me aprieta las heces, he sentido que las mariposas en mi estómago no son nada más que malos agüeros y poco a poco pierdo mi mente en todo a lo que pertenezco. Me acuesto en esto que me mata por dentro y dejo que los recuerdos me consuman por dentro, porque aunque suene estúpido me gusta el dolor, ese sabor que me mantiene viva y me quita lo que unos días me perteneció. He dejado a la deriva más de una parte de mi vida, más de un sueño, más de una agonía, pero aquí sigo viva y decidida a continuar con la fantasía que me depara la vida.  Me gusta que me rompan los esquemas, que me dejen sin aliento y que de todo me corra por las venas, pero me han roto más el corazón por no entender para que es que se entrega y me han  jódido más para que ni queden venas. Me he envenenado con más de uno y he dicho lo innombrable cuando ya no tiene caso matarse por alguien insaciable, he jurado amor eterno cuando lo eterno es injurable y cientos de veces he prometido lo inalcanzable; cuando las ganas me consumen las entrañas y el cielo se me desploma cuando me apuñalan por la espalda. 

He dedicado cientos de sonrisas y a mi nunca me llega ni una de vuelta, porque ando tan podrida que a nadie le sobran ganas para remendar lo que por pedazos acabado está, he odiado a quien más he amado y no puedo ver a quien "te quiero" he susurrado, porque la vida no me alcanza para estar sumergida con alguien más.   A esto es a lo que le llamamos realidad cuando nos damos cuenta de lo que pudo y no pudo ser, cuando enfrentamos la vida hechos o desechos, con las heridas abiertas o ya sin ellas, sólo queremos seguir con desilusiones y golpes bajos, sólo queremos dejar a un lado el engaño, vivir porque queremos y no porque nos toca,  ser felices así sea jodiendo y dejar las penas para ver lo que no queremos. Me han matado los recuerdos las mismas veces que con ellos me acuesto y me he levantado con un poco menos de ellos, porque he tomado malas decisiones y porque le he apostado a lo que no puede ser, por eso y por más tengo una vida que me gusta y me asusta a la vez.


miércoles, 19 de marzo de 2014

Sensaciones.


No había sensación alguna cuando sus labios se unían, él sonreía cada vez que las comisuras de la boca de ella se cerraban para agarrarle su labio inferior, y eso, era realmente fascinante de alguna manera, mientras que ella estaba en ese limbo mental en el que más que estar en blanco, era la falta de querer pensar; ¿Y las mariposas en el vientre? pensó ella de repente, cuando ni siquiera su corazón se aceleró, mientras que el de su compañero casi sobresalía de su pecho, besos más largos, más eternos, más fugaces, le insistía ella a él mientras  cerraba sus ojos y le agarraba el cabello con más fuerza tomando eso de  él que ni le pertenecía, pero ella sólo quería sentir algo, algo importante, aunque fuera tan sólo por un
 instante; esa chispa adentro que la hiciera entender que no era de piedra; pero sin que fuera un rara casualidad ella no sintió nada, una vez más, se sintió aun mas vacía de lo normal, comprendiendo que ese sujeto, ese simple sujeto que no era el más bello, el más rico o el mejor vestido pudo haberle entregado esa parte de vida que a ella le hacía falta, pero a veces la cosas se tuercen, no están rotas, pero ni el cariño ni el despecho se unían a ella, solo tenía un gran desierto dentro. Pero, sabia que era la del problema y que los demás no eran más que una pieza más a la suma de todos sus miedos. 



Por favor no me destruyas le indicaba él en esa oscura noche de soledad y niebla, o aún mejor, destruyeme con tus besos le suplicaba mientras pasaba sus dedos indices lentamente por los labios de ella, de izquierda a derecha, detallando el croquis de esa bella boca roja, esos que lo avivaban y mataban, así de encantador y complicado era a la vez, sus brazos la rodearon tan fuertemente que él pensó que su alma rota había logrado encajar cada pedazo de nuevo otra vez, pero estaba equivocado, ella no estaba rota, mucho menos torcida, ella estaba muerta espiritualmente, le hacia falta encajar en el mundo, en su mundo, en ese universo que ya no conspiraba a su favor y la hacia cada vez más débil y sincera, más triste y acomplejada y le dejaba lo peor de los sueños, la vida y la misma muerte, así que se olvido de todo, se olvido del mundo, de la vida, se olvido de él y de ella, y allí, tan sólo allí supo en realidad quien era, era una amante más de aquel puente, del cual unos cuantos más también se habían enamorado y olvidado.