No había sensación alguna cuando sus
labios se unían, él sonreía cada vez que las comisuras de la boca de ella se
cerraban para agarrarle su labio inferior, y eso, era realmente fascinante de
alguna manera, mientras que ella estaba en ese limbo mental en el que más que
estar en blanco, era la falta de querer pensar; ¿Y las mariposas en el vientre?
pensó ella de repente, cuando ni siquiera su corazón se aceleró, mientras que
el de su compañero casi sobresalía de su pecho, besos más largos, más eternos,
más fugaces, le insistía ella a él mientras cerraba sus ojos y le agarraba
el cabello con más fuerza tomando eso de él que ni le pertenecía, pero ella
sólo quería sentir algo, algo importante, aunque fuera tan sólo por un
instante; esa chispa adentro que
la hiciera entender que no era de piedra; pero sin que fuera un rara casualidad
ella no sintió nada, una vez más, se sintió aun mas vacía de lo normal,
comprendiendo que ese sujeto, ese simple sujeto que no era el más bello, el más
rico o el mejor vestido pudo haberle entregado esa parte de vida que a ella le
hacía falta, pero a veces la cosas se tuercen, no están rotas, pero ni el
cariño ni el despecho se unían a ella, solo tenía un gran desierto dentro. Pero, sabia que era la del problema y que los demás no eran más que una pieza
más a la suma de todos sus miedos.
Por favor no me destruyas le indicaba
él en esa oscura noche de soledad y niebla, o aún mejor, destruyeme con tus
besos le suplicaba mientras pasaba sus dedos indices lentamente por los labios
de ella, de izquierda a derecha, detallando el croquis de esa bella boca roja,
esos que lo avivaban y mataban, así de encantador y complicado era a la vez,
sus brazos la rodearon tan fuertemente que él pensó que su alma rota había
logrado encajar cada pedazo de nuevo otra vez, pero estaba equivocado, ella no
estaba rota, mucho menos torcida, ella estaba muerta espiritualmente, le hacia
falta encajar en el mundo, en su mundo, en ese universo que ya no conspiraba a
su favor y la hacia cada vez más débil y sincera, más triste y acomplejada y le
dejaba lo peor de los sueños, la vida y la misma muerte, así que se olvido de
todo, se olvido del mundo, de la vida, se olvido de él y de ella, y allí, tan
sólo allí supo en realidad quien era, era una amante más de aquel puente, del
cual unos cuantos más también se habían enamorado y olvidado.
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