sábado, 29 de junio de 2013

Escribir.

y mis manos se movían al son del compás de la canción, se podría decir que tenían vida propia, esa vida que a veces yo no podía darles. En aquel momento sólo quise que me encontrara y me hablara, necesitaba de su voz, no para escribir porque el motivo de que él no estuviera era lo que me hacía imaginar con ansias una novela que a él lo anhelaba. Depresión, ese era el motivo de mis escritos, cada lágrima que caía por mi rostro era una idea más, absurdo, lo sé pero esa era la única manera para poder crear lo inimaginable. felicidad, eso era lo que no me permitía avanzar, lo único que no me dejaba escribir y lo único que necesitaba y no necesitaba para vivir. 

Los días pasaban y la mente arraigaba la mejor imaginación, los mejores escritos se plasmaban en la computadora y la depresión seguía, esa era la fuente de mi inspiración. Lo extrañaba, pero necesitaba escribir, de la misma manera en la que se necesita dormir, comer o vivir. Ridículamente, lo volví a ver y no pude estar infeliz de nuevo, me llenaba las entrañas inexplicablemente, pero el circulo vicioso tenía que continuar, sólo hasta buscar una mejor fuente de inspiración. De nuevo estoy mal y vuelvo a escribir, ahora no pienso en lo que escribo, porque todo brota sólo, es fascinante, pero una vez más lo extraño. 

Nos hemos vuelto a ver y ya no hay lágrimas para escribir, trato de hacerlo pero si no hay depresión no hay inspiración, me siento más estúpida que la última vez que lo abandone. Ya estamos cansados y sólo hay dos opciones, ninguna es buena, porque ninguna me complementa y él ya está cansado. Hemos dejado de vernos y cómo la última vez he vuelto a ponerme mal y he vuelto a escribir, todo es muy ridículo. Han pasado cuatro semanas y no lo he vuelto a ver y tampoco he tenido inspiración, ahora esta está rota al igual que yo. 


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