Cuanto más envejezco más me doy
de cuenta que mi juventud ha sido perdida, intento vivir el día a día como una
persona normal, pero a medida de que pasan los días me convenzo más de que no
lo soy, mi alma esta desgarrada desde aquella vez que lo vi partir, por
primera vez mi vida no significaba nada sin la suya.
Su mirada fría y sin vida
observaba mis mejillas humedecidas por las lágrimas que las recorrían una y
otra vez, sin decir ni siquiera una sola palabra mientras le suplicaba ¡no te
vayas! Su inescrupulosa frase aun retumba en mis oídos ¡NO TE QUIERO! Esa
era la razón de su despedida. Segundo a segundo conté sus pasos hacia la puerta
fueron exactamente treinta y cada paso que daba era un puñal contra mi corazón,
estarás bien esas fueron sus últimas palabras antes de cruzar por la puerta y
cerrarla de un golpazo.
Me quede tumbada en el suelo
intentando comprender lo que estaba sucediendo, el amor de mi vida se
había ido para siempre, no le interesaba en lo más mínimo mis sentimientos ni
mi vida y es ese el momento en el que sabes que tu vida ya no tiene razón de
vivir; por mi mente se cruzan miles de preguntas, las cuales nunca tendrían
respuestas, le di todo lo que tenía y más, pero ya nunca más volvería a estar
con él.
Pasaron los días, las semanas,
los meses, los años y mi corazón sigue vacío pues todas las huellas que
dejo se repiten una y otra vez en mi cabeza y ahora siento que en
realidad lo que paso entre nosotros se acabó de verdad por mas que mi corazón
no quiera aceptarlo tendré que aferrarme a la realidad, yo lo ame con todas mis
fuerzas y ahora sufro por su ausencia.
Mi vida se ha perdido, perdió
su color y su razón de ser, ya han pasado años desde su despedida y hasta el
día de hoy no he dejado de pensarlo ni un segundo, vivo en una clínica para
personas dementes, ellos le llaman así yo solo le llamo AMOR.

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