Ella miraba su reloj ansiosamente con la espera de verlo de nuevo
como todas las tardes en aquel parque.
Era una tarde de abril, el día estaba brillante, el
cielo totalmente azul y las nubes parecían grandes espumas de algodón, los
arboles danzaban al son del viento y las aves perfectamente blancas
revoloteaban de rama en rama.
Todo empezó hace seis meses en aquel parque,
acabábamos de llegar al condominio, no conocía absolutamente a nadie, era una
completa extraña como siempre lo había sido, jamás había tenido un hogar fijo
por el trabajo de papá, siempre nos mudábamos más o menos cada dos o tres
meses, conocía bastantes ciudades a mis diecisiete años, no tenía amigas mucho
menos amigos … ni familia ni a nadie excepto a mis dos hermanos y a mis padres.
Aquel día
estaba muy enojada como casi todos los días de mi existencia, me enojaba el
hecho de mudarme, de no tener amigos ni a nadie en quien confiar, mi vida era
una constante monotonía y no le hallaba sentido.
Desde los trece años me diagnosticaron
psicológicamente depresiva por esa misma razón odiaba a las persona que me
rodeaban, odiaba la idea de existir, de vivir, de respirar, de comer. Sencillamente
odiaba al mundo y más que todo me odiaba a mí misma.
Fueron tiempos duros en los cuales no salía de casa,
no dejaba que me visitaran, lloraba todo el tiempo, solamente me levantaba de
la cama para bañarme y de nuevo me colocaba la pijama y la habitación era mi
mayor refugio, lo único que hacía era dormir, dormía todo el día pues era mi
mayor escapatoria para poder olvidarme de ese mundo tan putrefacto que me
rodeaba.
NickyD.
NickyD.

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