Hemos
llegado a tal punto en el cual ni siquiera nos toleramos el uno al otro, mi
cabeza está llena de nudos, mil pensamientos a la vez se enredan y ya no sé qué
pensar. He cometido miles de errores y una que otra derrota he tenido en la
vida y siempre me pregunto si me he repuesto de ellas, pero cada día que pasa
me convenzo más que no.
¡Quiero morirme! eso fue lo que grite hace diez
minutos, pero ¿La muerte sería la mejor solución? No lo creo, la muerte es mi
mayor temor, ni siquiera me gusta pensar en ella, y cuando lo hago se me corta
la respiración y siento que mi corazón es apuñalado por mil agujas a la vez,
así que no pienso darle mi vida a ella como un simple regalo tal vez de
navidad. Me siento frustrada y poco aturdida, todos los días de mi vida me
pregunto ¿Porque estoy aquí? hasta el día de hoy no he encontrado la respuesta,
tal vez algún día lo haga.
No es una pregunta, son varias las que se cruzan por
mi mente día a día ¿y si no existiera? Esa es la pregunta más frecuente
que se pasa por mi cabeza, tal vez encontré la respuesta por el momento no sé
si sea correcta o incorrecta, pero pienso que el mundo estaría bien sin mí,
solamente soy una chica más atrapada en los suburbios tratando de encontrar su
propio yo, su alma y su propia paz interior que tal vez están perdidas en algún
universo paralelo.
Hoy no fue un buen día, he olvidado tomar mis pastillas para
la depresión que afronto en estos últimos meses, tal vez las necesito más de lo
que pensé, mañana será otro día solo necesito mis pastillas
color fucsia para la falsa felicidad y en la mesa de noche un vaso
lleno de agua.

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